Una aventura más allá de este mundo.

¿Te atreves?

 

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Curiosidades

Los nombres, el comienzo de todo

El último trimestre de 2005 me rondaba la idea de escribir una novela fantástica. Quería que fuese algo de tipo humorístico y pensaba en dos personajes principales que se parecerían a Don Quijote y Sancho Panza (el “serio” versus el “simpático”).

La idea en sí la terminé de pulir en un viaje en tren. Iba sola, me equivoqué de trayecto y elegí el más largo (en vez de hacer un recorrido de media hora, elegí uno casi dos horas). Así que tuve tiempo de pensar en la historia que quería contar... Allí puse nombre a mis protagonistas, que se llamarían Veiguel y Ceitán, y también empecé a pensar en el tipo de aventura en el que se verían inmersos.

En enero de 2006 empecé a escribir la historia (suelo empezar mis libros en enero), y cuando llevaba escritos unos cuantos capítulos, mi marido me preguntó que por qué se llamaban Veiguel y Ceitán. Él no entendía por qué todo se desarrollaba en un mundo fantástico si al mismo tiempo todo era tan real... Aquello me hizo pensar que en efecto la cosa tendría mucha más gracia si se desarrollase en nuestra Edad Media real, y si los personajes tuviesen nombres reales. Veiguel fue Bernardo, y Ceitán, Nuño.

Yebra fue la única que mantuvo su nombre original. Yebra es una chica de los bosques. y el nombre proviene de “Yerba” –hierba-, y “Gebre” (en catalán significa “escarcha” y le va que ni pintado para sus cabellos blancos). A ella no podía cambiarle el nombre. Yebra la retrata demasiado bien.

Los lugares

En diciembre de 2005 estuve unos días cerca de Trillo, en Guadalajara. Pasé muy deprisa por Cívica, un pueblo encaramado sobre una pared de roca lleno de ventanitas y agujeros. Por aquel entonces estaba dando forma al monasterio de Santa Ceclina, y en cuanto vi la pared de Cívica, supe que mi monasterio sería así: construido en una pared de roca como el de Cívica, con una cascada como la que entreví al pasar por el pueblo.

Tardé un año en volver a pasar por Cívica y parar allí. Para entonces ya había creado mi monasterio de Santa Ceclina.

El nombre de Santa Ceclina proviene en cambio de una iglesia real, situada en Girona y casi abandonada. El nombre de la santa (Ceclina, Seclina o Seculina) es casi desconocido y siempre me había intrigado. ¿Qué mejor nombre que el de una santa real de la que apenas hay vestigios? No hay nada más misterioso que la propia realidad...

De Galicia tomé la inspiración para “los lugares de poder”. Los emplazamientos celtas, petrogrifos en rocas, los dólmenes casi perdidos... “A chan d'arquiña” existe en Pontevedra, cerca de Cangas, y hace años, casi me pierdo por los montes buscándolo. Está cerca de Coiro, el lugar en el que se supone nacieron Yebra y Jan. Los primeros que abrieron la puerta al otro mundo...

 

Casualidades

La historia de “Porta Coeli” está plagada de casualidades. A veces me da la impresión de que es una historia que se ha hecho a sí misma y que sólo buscaba un instrumento que la diese forma y la hiciese nacer. Ese instrumento fui yo...

Cómo llegó a publicarse, cómo adquirió su forma final, cómo encontré las informaciones necesarias en los momentos precisos... todo ello parece que haya escapado de mis manos y forme parte de los planes de un dios Destino caprichoso.

El destino y la casualidad han forjado la forma final de la historia. Ahora ya ha escapado de mis manos y está en las de los lectores.

 

 

 

Más información en: www.edebe.com  

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